Leslie Lardizabal

Disparejo

No es un cliché. Sigue siendo una realidad. El trabajo de mamá ni se ve como trabajo, ni se valora así. Es tan sencillo, como un día ordinario, o tan complicado como muchos días extraordinarios.

En algunos casos con el apoyo de papá, en pocos con paternidad compartida y en muchos muchísimos otros, prácticamente sola, porque papá trabaja y regresa muy tarde, está ausente o simplemente no se involucra porque no está en su sistema.

Los próximos párrafos son de un día común en la vida de algunas mamás. Con sus complicaciones y carreras, sin tocar el tema de imprevistos y luchas diarias con los chamacos, son días difíciles pero que se sobrellevan, hay otros, no lo dudo, mucho más caóticos y con más sacrificios. Muchas, la mayoría, comparten el sentimiento de que no se jala la carreta parejo, pero que sobretodo no hay un reconocimiento real a su rol como mamás.

-Dos hijas pequeñas que van a la escuela a una hora de camino. Hay que pararse a las 5 y media de la mañana, su papá me ayuda con el trajín matutino, pero hay que peinarlas y vestirlas a las dos, después pasamos una hora en el coche, ir a trabajar y al terminar las clases correr para llevarlas a gimnasia que está cerca de la escuela, y después más de una hora de regreso a casa en el coche, para seguir en la tarde con la terapia de una de ellas y después empezar la rutina de la tarde-noche.

-Como no tengo trabajo de oficina y soy mamá de tiempo completo me dedico exclusivamente a mis hijos. A veces me da la 1 de la tarde sin poderme bañar por estar con el bebé y ya tengo que ir por mi otro hijo al kínder, y cuando me puedo dar un regaderazo meto la carriola al baño porque si se despierta y no me ve se pone mal. Mis tardes entre comida, limpieza de casa, juguetes, mamilas, pañales, bañar hijos, doblar ropa y de pronto son las 11 de la noche.

-Levantarse antes de que amanezca, una noche anterior dejé hecho el desayuno, el lunch y el uniforme, la mochila en la puerta de la casa. Me voy al trabajo muy temprano y su papá se encarga de las mañanas, corretearlo para vestirse, desayunar y llevarlo al cole. Paso por él a la salida, a veces corremos para llegar a natación, y otras sin correr tanto nos vamos directo al tenis, los días que toca comemos allá. De regreso a casa por las tardes después de la hora del tráfico un poco de tiempo para el juego, tarea, el baño, la cena y finalmente acostarlo y empezar ora vez a preparar el día siguiente.

-Me despierto a las 6 o antes, yo soy el soldado de la mañana para que estén listos, los llevo a la escuela y a veces su papá los recoge. Cuando él no puede me salgo a la hora de la comida (a unos 40 minutos de la escuela), voy por ellos, si tenemos que esperar a que salga el hermano nos quedamos a hacer tiempo en el café que está cerca, medio como en casa o ya de regreso al trabajo en el coche, porque prefiero ver que tienen de tareas y guiarlos, los dejo con su abuela, que es mi vecina, en lo que llega su papá, regreso al trabajo y salgo como 9 o 10 de la noche.

-Ella entra a las 8, pero yo a las 7. Así que la despierto a las 6 de la mañana para que me dé tiempo de peinarla. Su papá la lleva a la escuela y la recoge, yo llegó a las 4 a casa y me hago cargo junto con él, a veces son salidas al parque, a una ludoteca, por un helado y a estar toda la tarde con ella para hacer lo propio. Tarea, baño y dormir.

Son sólo ejemplos de la vida común, de esa vida que a veces no es reconocida ni siquiera por el de al lado.

Leslie Lardizabal

Leslie Lardizabal

Mamá Pulpo
Comunicóloga de profesión, periodista por vocación, mamá por elección y de tiempo completo porque, aunque trabajo, NUNCA dejo de ser mamá. En este espacio salpicaremos un poco de todo. ‘Ups & downs’ de la maternidad, no para resolverlos, sino para compartirlos y encontrar puntos en común y apoyo con otras mamás. Hay una máxima que define en gran parte de qué se trata esto: “Yo era la madre perfecta... Hasta que me convertí en mamá”.
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