Leslie Lardizabal

La fiesta comenzó

fiesta de cumpleaños

“El mundo empieza a sentirse diferente”, decían. Muchas cosas caben en esa frase, como aquellas que pueden parecer superficiales y se vuelven todo un tema cuando eres mamá.

Jamás me imaginé preocupada por la planeación de una fiesta de cumpleaños y todas las alegrías que eso también me traería. Sí, puede sonar a trivialidad, pero es de esas pequeñas cosas que te hacen feliz. Todo empezó, claro, el día del evento más significativo para mí, cuando nació el crío. Ahora lo celebro más a él, y eso que planeo súper producciones para festejarme, sobre todo en los años simbólicos (15, 25, 30). Se imaginarán que no fue cosa fácil dejar a un lado mi persona para darle paso a los festejos del nuevo integrante. La verdad, sí fue fácil y ha sido muy emocionante.

Del lado sentimental lo hago porque quiero que sepa que celebro su existencia, no sólo porque hace más feliz la mía, sino porque de verdad creo que estar en este mundo y poder tener experiencias increíbles merece toda la pena. Porque quiero contagiarle mi entusiasmo para que viva al máximo, disfrute cada día con lo bueno y lo malo y explote cada segundo, preguntando, conociendo, viajando, leyendo, observando, aprendiendo, a pesar de todo lo que pueda enfrentar, pero que crezca teniendo la certeza de que la vida es maravillosa y que puede ser un viaje interminable. Bueno ese es el lado cursi. Muy cursi.

Meses antes del cumpleaños esta madre pone a trabajar primero a su cerebro y luego a su grupo de apoyo conformado principalmente por sus hermanas y una de sus mejores amigas. Es como un ritual. Una tradición tan arraigada que ya contagié al de 5 años. A finales del año pasado en una conversación de coche le dijo a sus papás: “¡Ya sé, ya sé el tema!” Ambos sabíamos a qué se refería y lo soltó: “Lego”. Y entonces, como escena de una serie cómica de Estados Unidos, hubo risas y aplausos y, claro, la aprobación del tema del festejo de los 5.

Y el ratón de mi cabeza no para. Porque una cosa es el evento con las personas queridas y otra el mero día en casa. Ya sé, yo también creo que tengo una especie de locura en este asunto, pero lo justifico porque todos disfrutamos mucho el proceso y la celebración.

Una noche antes del cumpleaños queda todo dispuesto en casa para el festejado. El regalo, la decoración y cualquier sorpresa que le haga notar que es un día diferente y especial, porque celebramos su vida. Cada año cambian la temática y los adornos, pero no la intención. Es como tener Navidad cada primavera.

Desde su primer cumple lo hemos hecho así y la sala se ha convertido en el espacio exterior, el cuarto de Andy de Toy Story o en un parque con alberca de pelotas. Y como no voy a poder seguir haciéndolo hasta sus 14, mientras esté “en edad” sigo dando rienda suelta a mis ideas. Igual y me aguanta un par de años más con mis locuras, porque la verdad sea dicha, nos hacen muy felices.

Planear la fiesta es cosa aparte. Me he hecho aficionada al estrés de buscar las cosas específicas, los detalles más singulares y encontrar el tiempo para todo, y bueno también me pongo a ahorrarle para poder cumplir mis caprichitos, porque son míos, sin duda. Al chamaco le da igual si las gomitas son de oso o de muñecos y bloques de lego.

Y claro, como siempre, en esto también te encuentras con dudas y retos. Como la lista de invitados. Las horas que puede ocupar uno pensándole quién sí o quién no. Entre los que quieres, los que debes, los que él quiere, los que todos queremos, pero… ¿El salón de clases completo?, ¿o sólo con los que se lleva?, ¿los del equipo? pero ¿la familia? Suena de risa, pero solo las mamás que tenemos personalidad de “party planner” entendemos la angustia que puede causar ese tema y cómo siempre hacemos uso de nuestros talentos ocultos para ajustarnos al número de invitados permitido. Porque ya sabemos que siempre fallan algunos y siempre llegan extras. Y nos vamos volviendo expertas hasta en la organización de fiestas infantiles. Así somos las mamás, pienso, expertas en muchos temas.

No es fácil abrirse y venir a contar las obsesiones de uno y dejarlas así al aire, pero creo que más de una se ha visto en medio de todo este caos del cumpleaños y seguro lo disfrutan tanto como esta mamá pulpo.

Leslie Lardizabal

Leslie Lardizabal

Mamá Pulpo
Comunicóloga de profesión, periodista por vocación, mamá por elección y de tiempo completo porque, aunque trabajo, NUNCA dejo de ser mamá. En este espacio salpicaremos un poco de todo. ‘Ups & downs’ de la maternidad, no para resolverlos, sino para compartirlos y encontrar puntos en común y apoyo con otras mamás. Hay una máxima que define en gran parte de qué se trata esto: “Yo era la madre perfecta... Hasta que me convertí en mamá”.
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