Leslie Lardizabal

La dimensión desconocida

dimensión desconocida

Cuando las veo tan embarazadas no sé si sentir envidia o lástima. Todo depende del ánimo y mis hormonas. Básicamente si estoy en estado “La maternidad es lo más fregón del universo” o “¡Cómo diantres me metí en esto!”.

Y aclaro, la lástima no es por otra cosa sino porque cuando eres primeriza no tienes ni idea de lo que se te viene encima. Es como si hubiera un acuerdo secreto entre todas las madres para no desanimarte. Yo me hubiera conformado, cuando andaba muy campante con mi panza, con mi frase ahora favorita: “Desconfía de quien no hable del lado oscuro de la maternidad”.

Las veo recién estrenadas como mamás porque son mis vecinas, me las topo en el elevador del edificio y tienen la confianza de decirme cargando a su retoño; “estoy agotada”. Otras llegan corriendo a la puerta de la escuela con cara de angustia, porque otra vez se les hizo un poco tarde. Las veo sentadas en un restaurante poniéndose las manos en la cabeza y hasta jalándose el pelo con ese gesto de desesperación que reconozco muy bien, porque es típico de una mamá en apuros, o están sentadas conmigo porque son mis amigas – nuevas mamás – y me río, con ellas y un poco de ellas y lo saben.

Todas hemos pasado por ahí, nos hemos tragado nuestras palabras, perdido la paciencia, recurrido a las fachas más de lo que quisiéramos, fingir malestar para poder estar solas en el baño, sentirnos chinche porque pusimos un grito y sobre todo hemos renunciado a muchas, muchísimas cosas por ese pequeño ser que acabamos de conocer.

Y sí, vale toda la pena, las recompensas son muchas, pero las friegas también. No es un asunto de poemas perfectos, de si estar embarazada es el mejor estado de la mujer, o si empieza lo mejor de la vida. Quizá sólo necesitamos una vocecita o una buena orientación para entender que es una situación de cambios, ganancias, pérdidas, realidades y claroscuros, muchos claroscuros. Aunque tengamos el apoyo de un ejército entre pareja, mamá, familia, tías, amigos y nana, es un proceso que vivimos en buena parte solas, porque nadie puede tomar tu lugar en la fila para subirte a esta montaña rusa.  

Papá puede ayudar mucho, pero realmente no sabe y nunca sabrá qué es cargar en el “vientre dolor y cansancio” y quizá hasta le cueste trabajo entender que tu vida no es más tuya y que nunca nada vuelve a ser igual para mamá. N A D A. De sopetón llegas a la dimensión desconocida.

Cuando estaba embarazada leí un libro en el que una mamá, que entonces me pareció muy exagerada, hablaba de hacer un funeral y vivir el duelo de la perdida de ti misma. Ahora le aplaudo de pie por esa descarada sinceridad. Aún no estamos muy acostumbradas a hablar de los bajones de la maternidad, aunque forman parte de ella y son tan reales como sus increíbles momentos.     

Desde que las dos rayitas aparecen en la dichosa prueba empieza la transformación y el descubrimiento de una persona que eres tú, pero no tenías el gusto de conocer. Hasta la mujer más segura y ecuánime debe sentir que se tambalea cuando llega “el nuevo”. Hay cientos, miles de cosas, que no tienes ni idea de cómo se hacen, por qué pasan o si son normales. También te inundas de miedos que antes ni siquiera imaginabas.  

A veces crees que lo estás echando todo a perder y te cuestionas absolutamente todo. Otras, las más, crees que no puede haber algo tan extraordinario como esa persona que te hace sonreír más, sentir más, soltar muchas carcajadas, vivir mejor y agradecer todos los días tu existencia y la suya.

No puedo encontrar en el diccionario una definición que me deje satisfecha de madre, maternidad, mamá, o por el estilo. Me da mucha risa leer esa que dice: “Mujer, animal o hembra que ha concebido”, o sea sí, pero le faltan como miles de palabras para acerarse siquiera a la realidad. Creo que aún le reclamo a una de mis amigas, gran porrista de la maternidad y quien me alentó siempre a entrarle, que jamás me haya hablado honestamente de todo y siempre responde “Si te lo hubiera dicho, lo hubieras pensado más”. Tal vez, pero a manera de confesión, aunque pudiera sonar a incongruencia; No hay nada que ame más que ser mamá.

Leslie Lardizabal

Leslie Lardizabal

Mamá Pulpo
Comunicóloga de profesión, periodista por vocación, mamá por elección y de tiempo completo porque, aunque trabajo, NUNCA dejo de ser mamá. En este espacio salpicaremos un poco de todo. ‘Ups & downs’ de la maternidad, no para resolverlos, sino para compartirlos y encontrar puntos en común y apoyo con otras mamás. Hay una máxima que define en gran parte de qué se trata esto: “Yo era la madre perfecta... Hasta que me convertí en mamá”.

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